jueves, 12 de diciembre de 2019

ORO GRUESO Y ALREDEDORES.

A principios de Marzo del corriente año realicé una excursión por Los Gigantes, la Estancia Jesuítica La Candelaria, las Minas de Oro Grueso donde estaba previsto como almuerzo un exquisito asado, la Cantera Iguazú y Characato. Esta “Pinceladita” describirá los tres últimos destinos mencionados. 

Minas de Oro Grueso.

El camino de tierra se desarrolla a través de un monte ralo con curvas, desniveles, y salpicado por corrales para ganado vacuno. Después de atravesar 4 tranqueras y vadear el río en más de una oportunidad, arribamos al destino. Bajamos escaleras de piedras e insertada en una cerrada vegetación nos aguardaba la posada Oro Grueso (construida en el año 1870) y su responsable el Sr. César Pascual, descendiente de quien descubriera estas minas y las explotara en forma artesanal. 
El Sr. Pascual, más conocido como Pepe, se encargó de relatarnos la historia del lugar, distante 45 km de la ciudad de La Falda. 
En el año 1860, el abuelo de Pepe llegó a este lugar, su título era Adelantado en Minería, tenía conocimiento de los estudios relativos a la minería de la región, efectuados por los Jesuitas. En el año 1875 se produce el descubrimiento en un trozo de cuarzo aurífero, casi un kilogramo de oro que además del impulso económico de la zona, dio nombre al lugar. Se trabajaba en forma artesanal y con herramientas rudimentarias: punta, pico, pala y farol; además de oro se extraía plata y otros minerales. En la región existen cerca de 200 minas que en la actualidad no son explotadas, alrededor de 40 en los terrenos de la posada. En Córdoba, por razones ambientales, se prohibieron las explotaciones metalíferas de este tipo, y más aún de procesos a cielo abierto. Pascual, al margen de la minería convirtió ese paisaje de serranías en ganadero y también plantó 3.800 frutales a la vera del río La Candelaria.
En cuanto a la posada, es asistida por cuatro amplias pantallas solares que le brindan energía limpia y una antena satelital que le permite comunicarse con el mundo. En sus instalaciones se celebran fiestas familiares y sociales. Sus habitaciones les permiten albergar unas 20 personas. Su mobiliario es antiguo y su gastronomía en lo poco que le conocí me pareció muy buena, especialmente la merienda con pastelitos fritos a la grasa y acompañados de mermeladas, fabricadas con frutas del lugar. 
Es un sitio ideal para disfrutar de un descanso en su parque, poblado de hierbas y flores silvestres, hacer una ronda de mates sentados en bancos de troncos, o utilizar su acceso al Río La Candelaria, serpenteante y de agua cristalina, en el cual se puede disfrutar de sus pequeñas playas, darse buenos chapuzones y pescar. También es muy agradable merendar o dedicarse a tareas culturales en su galería, especialmente pintura como lo refleja un óleo con su correspondiente dedicatoria. 
Ascendimos por un sendero unos 200 metros rodeado de vegetación autóctona y arribamos a la mina más cercana. Para mí es un socavón cavado en la ladera de la sierra. Para relevar su interior habíamos tomado la previsión de ir acompañados de elementos de iluminación, otros echaron mano a su celular, y así nos desplazamos cada cuatro personas encolumnadas de a uno. Sorprenden la irregularidad de las paredes, las vetas con sus llamativos colores, la poca altura, la limitada longitud y la falta de aire en su interior.
El paisaje a nuestro alrededor desde esa altura era digno de ser observado y fotografiado.
Desde una altura normal el paisaje se desarrollaba como lo muestran las siguientes imágenes:
Después de la merienda, emprendimos nuestro viaje de regreso.

Cantera Iguazú.

Atravesando el paisaje agreste de la Pampa de Oláen se llega a la Cantera Iguazú: se trata de un caserío abandonado, “pueblo fantasma”, donde tiempo atrás vivieron mineros que trabajaban en la cantera que se dedicaba a la extracción de mármol blanco, caliza y piedra sapo. Su nombre responde a las Cataratas del Iguazú debido a que una franja vertical de piedra blanca irrumpía en el paisaje verde del monte y se asemejaba a una gran cascada. 

La Cantera comenzó sus actividades en el año 1946 y alcanzó su apogeo en los años ’50 gracias al fomento a la industria nacional. Los productos que se extraían se utilizaban en dicha época para la construcción de chimeneas, por su propiedad refractaria del calor. Llegó a contar con unos 200 habitantes, y fue necesario construir viviendas, escuela, negocio de ramos generales, etc. 
Hoy cuando se visita ese caserío, se observan casas abandonadas blancas, algunos útiles propios de la actividad que se desarrollaba en la cantera, las paredes blancas y regulares del horno de la cantera, rodeada por una laguna formada como resultado de las extracciones, algunas cabezas de ganado movilizándose por sus calles, la irrupción desordenada de cactus, cortaderas y arbustos, todo, para transformar el caserío en un pueblo fantasma. 

El último vecino se fue a ver un partido del campeonato mundial de fútbol en junio de 1978 a otro pueblo, y nunca volvió. Así, el campamento minero se quedó sin habitantes y comenzó a ser recuerdo.
Las imágenes que se insertan a continuación tratan de describir la cantera y su entorno.

Characato.

Imagen tomada de Internet
Nuestra próxima etapa fue este pequeño pueblo inmerso en la Pampa de Oláen, habitado por pocas familias estables y visitado por turistas en busca de un refugio de descanso, tranquilidad y aire puro. Por estar exento de los ruidos citadinos, el cartel de ingreso lo promueve como “La Villa del Silencio”. 
Está emplazado a 1.500 metros sobre el nivel del mar, su nombre en lengua comechingona significa Tierra de Agua, por el cauce del río que le atraviesa y que da origen a la cascada Las Bandurrias. En las cercanías, se encuentran dos cerros principales donde suelen sobrevolar los cóndores andinos.
Una de las paradas imperdibles es su capilla de características pintorescas y sencillas que está envuelta de historias y leyendas. Se trata de la iglesia Nuestra Señora del Rosario del Milagro, construida en 1895, se recorta sola en el paisaje. Sobre ella se tejen comentarios e intrigas. 
Sus puertas están cerradas para los fieles por disposición de una pena canónica impuesta por el clero en la década de 1930. El motivo: con diferencia de días dos hermanos se suicidaron frente a su altar. 
A pesar de emprender el regreso, a través de las ventanillas del transporte seguimos disfrutando del paisaje, complementado por nubes proyectadas sobre el telón del cielo.

Resumiendo, fueron muchas horas, muchos kilómetros, distintos paisajes donde se desarrollaron muchos episodios de la historia de nuestra provincia, y además, la oportunidad de compartir horas con personas que no conocía y no obstante primó la camaradería. 
En el interior del socavón de Oro Grueso, me acompañaron imágenes mentales que me hicieron preguntar: ¿cómo y en qué condiciones trabajaron esos primeros obreros? En Cantera Iguazú, no me explicaba como desapareció una industria que era todo para los habitantes de ese caserío y el abandono de sus habitantes, especialmente del último. Para finalizar, me impactó la tragedia sucedida en el interior de la capilla de Characato. 
En resumen, tres destinos y tres acontecimientos, que en mi caso particular me impulsan a ahondar más en ellos. A quienes ingresen en esta Pinceladita y me puedan aportar información, les estaré muy agradecido. 




3 comentarios:

  1. Muchas gracias! Esa es una region de Cordoba particularmente interesante, tierra de encomenderos, comunidades indigenas, y jesuitas.Se siente en el paisaje el regreso al pasado...

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  2. Muy bueno el paseo y las fotos, conocí el lugar, pero no con tanto detalle. Hay en Characato una hosteria muy agradable y muy bien atendida, dueños de la estancia en esa zona. Gran abrazo Elena

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  3. Hola Elena, gracias por tu comentario. Un abrazo grande a compartir con tu esposo. Les deseo un muy buen 2020.

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